
Exposición en S/t Espacio Cultural
C/ Enmedio 1. Las Palmas de Gran Canaria.
Desde hacía tiempo deseaba mostrar mi trabajo en la sala S/t. Al presentar mi proyecto para el Centro de Artes Plásticas del Cabildo de Gran Canaria, descubrí que las bases no permitían exhibir obras que ya hubieran sido expuestas en la isla. Mi intención inicial era mostrar la serie completa Sacred Place, pero ocho de sus piezas ya habían formado parte de la exposición Mundos Paralelos en el Centro de Arte La Regenta, en 2020.
Como quería mostrar la serie completa, decidí hablar con Javier Betancor, director de S/t, para plantearle una exposición simultánea que incluyera no solo las ocho primeras obras de Sacred Place, sino también trabajos de distintas épocas que aún no habían sido vistos. Entre ellos se encontraban la serie Estrellas y varias piezas creadas con técnicas diversas, todas reunidas bajo un mismo techo, como si el tiempo y los procesos dialogaran entre sí.
El título surgió con naturalidad: Everyday Life. Tomado de uno de los cuadros de Sacred Place, evocaba la idea de multiplicidad y convivencia de momentos, como en la vida cotidiana, donde en un solo día se entrelazan tareas, gestos y pensamientos diversos, sin que podamos separarlos.
El nombre también abrió la puerta a un guiño experimental: tres piezas digitales en un formato inédito y quizá irreverente, tres puzles de quinientas piezas, que invitan a reconstruir imágenes fragmentadas y a jugar con la percepción. Durante la inauguración, presenté la exposición de manera improvisada, con la obra desplegándose frente a los ojos de los visitantes. La clausura se convirtió en una visita guiada, en la que conté la historia y la técnica de cada obra. Ambos momentos se llenaron de curiosidad y conversación, dejando en mí y en los asistentes —creo— un recuerdo intenso de ese encuentro entre arte y vida cotidiana.
• El
día de la clausura ofrecí una visita guiada y, entre los asistentes, estaba mi
amiga Ángeles Alemán, escritora e historiadora del arte. Al terminar, nos
dirigimos a una terraza del barrio para tomar algo, y se nos unió nuestra amiga
común, Luz Marina Arévalo, que también había estado en la galería. Allí, entre
risas y charlas, nos sumergimos en conversaciones sobre lo “infernal y lo
humano”. Ángeles me prometió entonces una visita a mi casa y estudio junto a su
hijo Nikita.
Unos días después, Amparo y yo recibimos a nuestros amigos: compartimos té, les enseñé el estudio y mis obras, por supuesto. Disfrutamos de una tarde deliciosa en buena compañía. Siempre es un gozo recibir a los amigos en casa. De esta visita, Ángeles escribió un cuento que ahora tenemos el gusto de compartir aquí.
Fotos de la exposición














